sábado, 1 de agosto de 2009

Fachas y lerrouxistas


Jesús Royo en La Voz Libre.



En este país nuestro de banderas al viento, a veces me maravilla qué difícil resulta el noble ejercicio de pensar. Quizá es por pereza -o quizá por el miedo a ser libres, vete a saber-, el caso es que mantenemos unos conceptos que funcionan como 'minas del pensamiento'. Basta con que alguien los indique (¡terreno minado!) para que todo el mundo reniegue y se aparte de ellos como de la tiña.

Hace años, dentro de las izquierdas era el concepto de socialdemocracia. Si te acusaban de socialdemócrata, habías pisado mierda. Tenías que demostrar que no, qué va, tú eras el Che Guevara en persona. Hoy, todo aquel ritual nos da más pena que otra cosa.

Pero aún funcionan unas 'minas mentales', en concreto con los calificativos 'facha' y 'lerrouxista'. El día siguiente de la publicación del 'Manifiesto por la tolerancia lingüística', el chiste de La Vanguardia era un cementerio tenebroso, con la tumba de Lerroux abierta, donde dos enterradores comentaban: “Ha vuelto a salir. Es que no para”. Nadie sabe nada de Lerroux, ni si era de derechas o de izquierdas, ni si tuvo mucho éxito o poco. Sólo queda de él la diapositiva de que propugnaba un “españolismo dirigido a las clases populares catalanas”, tal como dice el diccionario Fabra. O más sencillo y claro: es 'anticatalán'. Terreno minado, vade retro.

Más escandaloso es el adjetivo 'facha'. Proviene de 'fascista', que significa, como todo el mundo sabe, nacionalista totalitario. Pues bien, 'facha', para mucha gente es sinónimo de 'español', sencillamente. La bandera española es facha. Hablar castellano es facha. Hemos visto auténticos fachas -o sea, nacionalistas intolerantes- increpar a gente demócrata al grito de '¡Fachas!'. Y la frase más facha posible, escrita en una pared, decía: “Matar fachas no es un delito: es un deporte”.

Entonces, ¿qué significa facha, qué significa lerrouxista? No quieren decir nada, son rituales sociales expiatorios, sin contenido. No dicen nada acerca de los acusados de ser fachas o lerrouxistas. Sí dicen, y mucho, de los acusadores. Facha es “aquello que no estamos dispuestos a tolerar”. Indica los límites de nuestra tolerancia. Es decir, si señalamos a alguien como facha, quiere decir que es apedreable, silbable, expulsable. O disparable: aún hay gente que aprueba el tiro a la rodilla que le disparó Pere Bascompte a Jiménez Losantos. Por facha.

jueves, 30 de julio de 2009

Hispanofobia


Las barbaridades de Bernat Joan, Secretari de Política Lingüística de la Generalitat


http://www.cronica.cat/opinion/Bernat-Joan/Perills-de-xenofobia

miércoles, 29 de julio de 2009

"La ingrata conducta del pueblo catalán..."


Una columna publicada en El País donde Joan B. Culla i Clarà, sigue hablando de catalanofobia (la palabra de moda).


http://www.elpais.com/articulo/opinion/ingrata/conducta/pueblo/catalan/elpepuopi/20090728elpepiopi_12/Tes

viernes, 24 de julio de 2009

La catalanofobia


La opinión de José Domingo


Hace unos años visité el Parque Natural de Monfragüe en la provincia de Cáceres. El entorno es idílico, las aguas fluyen por doquier y en primavera el color blanco de la flor de jara hace que el campo parezca nevado. Entre los visitantes, me llamó la atención un grupo de jóvenes catalanes que criticaban desaforadamente a algunas personas que les habían censurado su origen catalán.

Cuando me acerqué a ellos para interesarme por el incidente, observé que dos de ellos llevaban una camiseta que en el pecho contenía la siguiente pregunta: ‘Jo, espanyol?’ La respuesta al enigma se encontraba en la espalda. Un monigote se desternillaba de risa y contestaba con un clarificador ‘Jo sóc català’.

El debate de financiación autonómica ha puesto de actualidad otra vez el: “Y tú más”. Entiendo legítima la aspiración de algunos Gobiernos de las Comunidades Autónomas de obtener el máximo de ingresos para sus arcas. Lo preocupante es que esa sana aspiración suele venir trufada de calificativos delirantes, y todavía es más demencial que sea el propio Gobierno de España el que los fomente.

Es evidente que algunos generadores de opinión han salpimentado un debate que debiera ser estrictamente técnico con descalificaciones innecesarias y genéricas sobre el resultado de las negociaciones bilaterales entre los políticos catalanes y el Gobierno de España. Ahora bien, no me parece sensato azuzar desde este último Gobierno estos comentarios en los que se trata de denunciar la supuesta catalanofobia existente en algunas regiones. El ministro de Política Territorial ha incurrido en un grave error político poniendo el dedo en la supuesta catalanofobia existente en algunas partes del resto de España, cuando su principal tarea es acabar con los jóvenes provocadores de la camiseta.

lunes, 20 de julio de 2009

sábado, 18 de julio de 2009

Acabemos como sea


Francesc de Carreras en La Vanguardia


Tras un año de reales o fingidas angustias, y también de ridículo, el establishment catalán – Cámara de Comercio, Fomento, sindicatos y todo lo que representan - ha tirado de nuevo la toalla: acabemos ya, como sea, con la dichosa financiación autonómica. Digamos que sí. Lo mismo pasó con el Estatut: aprobemos cualquier texto, qué más da, pero pasemos página a este absurdo asunto en que nos han metido y que nos impide abordar tanto lo urgente como lo importante. En ambos casos no les ha faltado razón.

Pero la realidad es la realidad. Y lo cierto es que el sistema de financiación aprobado tiene poco que ver con lo dispuesto en el Estatut. Las leyes, por lo visto, están para incumplirlas. Sin embargo, las cifras que se manejan – siempre hipotéticas, ya que dependen de lo recaudado – parece ser que complacen a los gobiernos de las comunidades autónomas. Ya se sabe: Zapatero, de entrada, complace siempre. En conclusión, para este viaje no hacían falta tantas alforjas: sin el nuevo Estatut podríamos tener las mismas cifras que ahora se prometen.

Cifras y letras o el fuero y el huevo. Ambos podrían ser el titular de esta columna. El tripartito se ha apuntado a las cifras y al huevo; PP y CiU a las letras – las letras del Estatut, en el caso de CiU – y al fuero. Curiosamente, ERC se ha vuelto pragmática y CiU fundamentalista. Los papeles, pues, se han invertido: cosas del poder político, ese instrumento corruptor, en especial de la inteligencia y de la coherencia. El PSC, entretanto, deslizándose como una sigilosa anguila entre las rocas de las turbias y frías aguas de un profundo río.

Pero tras las bambalinas del teatro está la realidad, en nuestro caso están los catalanes, una sociedad desorientada, confusa, harta y apática por tanto ajetreo inútil. Y aún no hemos acabado. Falta la sentencia, la más esperada sentencia de la historia de España que, se supone, esclarecerá aquello que dice en realidad el Estatut: su letra y su espíritu, santo por supuesto. Nadie quedará contento, suele decirse. No es cierto: muchos pensarán, diga lo que diga la sentencia, que por lo menos ya hemos acabado con el asunto: ¡menos mal! Ara, anem per feina, dirá satisfecho el catalán medio.

Pues bien, se equivoca el catalán medio. Esto no va a parar: en realidad no para desde hace 30 años. El Govern y CiU están construyendo una nación, algo muy complejo: una gran obra de ingeniería social y mental. Ya pensarán nuestros políticos en algún nuevo entretenimiento. Pero de lo que se trata no es de lo que piensen nuestros políticos, de lo que se trata es de lo que piensen los ciudadanos: sobre todo los que votan a desgana o se abstienen de votar, casi la mitad. Si el establishment catalán proclamara en público lo que dice en privado, la comedia se acabaría pronto. Mientras digan “acabemos como sea”, esto será el cuento de nunca acabar.

Carod quiere ir a la luna...